EL CULPABLE

Dejé el móvil sobre la mesa, al lado del portátil y me levanté para ir al baño. De forma consciente no lo sabía, pero quería que pasase. Necesitaba liberarme de esa presión, de esa ansiedad que atormentaba mi cabeza. Todo aquello que siempre había criticado, todo, lo estaba yo repitiendo.

¿Por qué traicionar si ya sabía que se acercaba el final?¿Por qué no cerrar una historia antes de abrir otra?¿Por qué hacerme daño y hacérselo a él?

Porque uno de los dos debía ser el culpable. Porque debía ponérselo fácil. Meses, muchos meses en los que lo esencial, el respeto, había desaparecido. Meses en los que la palabra complicidad buscaba su significado fuera de casa. Meses en los que nada tenía sentido entre los dos. Quizá fueron más que meses.

Dejé el móvil y faltaron segundos para que lo abriera y comprobara whatsapps donde algo que se disfrazaba de amor sí se encontraba, mensajes donde la imagen que yo mismo había creado sobre mí se destruía, palabras donde encontrar un culpable al que cargar con la cruz completa, excusas donde ubicar todos los motivos de lo que no había funcionado hasta ahora.

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