VOLVER A CASA

Volver después de tanto, no siempre es sinónimo de comienzo placentero. A veces es una cuesta arriba.

El camino de vuelta estuvo empañado de lágrimas. Llovía, también fuera. Ni siquiera la ciudad me daba una buena bienvenida cuando yo lo que necesitaba, es que me abrazara.

Volver a abrir la puerta de casa, no siempre es sinónimo de descanso. A veces es un tormento.

La llave incluso no quería abrir. Pareciera que dos semanas hubieran sido años de desalojo y la cerradura hubiera enmohecido.

Volver a sentir a veces cuesta.

El olor a falta de aire, a no humanidad, pesaba más que mi cuerpo tirándose de golpe al sofá. No era yo, era todo. Todo se había dejado. No quedaba una planta viva en la terraza. Sí, solamente una: la tradescantia, que por su nombre solamente la conocen en su casa a la hora de comer, porque señal o no, la llamamos “amor de hombre”.

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